Cuando Dios te pide algo, no se lo niegues

Cuando Dios te pide algo, no se lo niegues

Ahí estaba yo, parado escuchando el mensaje que Dios tenia para mi ese día. Toda mi vida de cristiano casi había sido una vida de desobediencia, en su mayor parte. Me gustaba hacer mis propios deseos, mi propia voluntad, mi carne, mis asuntos. Así me recordaba, así era la imagen que tenía de mi seguimiento a Jesús. Siempre fallándole a Dios, llevando el sólo el nombre de cristiano y quizás lo era en el fondo. A la edad de seis o siete años cuando era niño invite a Jesús a mi corazón como mi Único y suficiente Salvador personal y creo que desde ese entonces nací como hijo de Dios. Pero no estaba dispuesto a matar mi carne, mis deseos, mi ego, mi “YO” La voluntad de Dios? Nooo! Más adelante, pensaba yo , eso es para los viejos, para los que ya han vivido y no tienen nada que perder. Y así aprendí a vivir el evangelio; en la Iglesia los domingos y escondido de lunes a viernes. No era un desalmado, ni un delincuente, ni ningún fornicario , ni borracho, ni ladrón…nada de eso, era en la falta de carácter cristiano donde sucumbía tristemente, también en esos pecadillos “santos” o” permitidos” donde nadie se daba cuenta.

La oscuridad y las tinieblas que a veces embargaban mi alma solo Dios las conocía. El orgullo, la soberbia, el egoísmo, la gritería, la lujuria, malos pensamientos, impurezas, vanagloria, la mentira, etc etc, eran parte de mi, en el fondo, creo que no cometía esos pecados escandalosos como la fornicación, el adulterio o la borrachera porque no tenía la oportunidad o porque no quería arruinar la reputación de santo que había desarrollado sin querer queriendo en mi barrio y en la Iglesia; Había nacido en un hogar cristiano y había asumido roles de liderazgo desde que era adolescente , joven y adulto. Recuerdo una vez que estaba programado para compartir la Palabra ese domingo en la Iglesia, pero me encontré con esta chica en la tarde y como la conversación de hizo interesante simplemente decidí no ir a predicar, alguien más siempre podía hacerlo. Pero allí estaba yo, oyendo este mensaje, “Dale a Dios tu mejor ofrenda” . Yo había adquirido un terreno casi gratis y estaba en proceso de venta, el plan era venderlo y con el producto de la venta comprarme un carrito y trabajar como taxista….pensaba yo; había acabado la carrera de Ciencias Económicas en la Universidad pero me encontraba sin trabajo y sin un sol en el bolsillo y estaba ya casi desesperado por casarme con mi Bonnyta y establecerme en algún lugar y poder hacer mi vida como la de un terrícola normal…no pedía mucho.. No me imaginaba vivir en la casa de mis padres y menos en la casa de mis futuros suegros, así que con todo esa depresión y frustración de querer hacer algo y sentirme impotente de salir adelante me encontraba escuchando este mensaje., “Dale a Dios tu mejor ofrenda” “Dale la ofrenda que nunca le has dado a Dios” , le oía decir al predicador,
De pronto Sentí que Dios me estaba hablando, Sentía que Dios me estaba pidiendo en ese momento mi mejor ofrenda…

No sabía cómo reaccionar. Después de muchos intentos el terreno ya estaba a punto de venderse, y yo estaba emocionado que por fin iba a cumplir mis deseos de ser solvente económicamente y poder casarme con la mujer de mis sueños…el precio aproximado del terreno era 5000 dólares – “Te daré 100 dólares si concreto la venta” le dije a Dios; Pero Dios hizo silencio…entonces dije, ” Creo que 300 dólares está bien” Ya es regular…pensé, pero Dios seguía haciendo silencio y yo me comenzaba a inquietar, no tenia satisfacción al entregar esos 300 dólares. Entonces dije: ” 500 dólares y es todo” Ya con 500 dólares me sentía que estoy haciendo algo, me sentía bueno, me sentía generoso, pero por alguna razón Dios seguía haciendo silencio, no sentía paz en mi corazón al hacer esos tratos con Dios. Sentía que había algo más que Dios quería que yo haga. Yo Seguía de pie, orando y escuchando a ese predicador, cada uno de los presentes pasaba adelante y ponía su ofrenda y regresaba a sus asientos y yo me encontraba allí sin saber qué hacer, el tiempo pasaba y sentía que se iba la oportunidad de darle a mi Dios mi mejor ofrenda….De pronto mi alma tembló …Dios lo quería todo! Dios quería que yo le entregue todo el terreno para El. De los 1000 m2 que había obtenido ya le había dado 500 m2 , Se había levantado una hermosa Iglesia en esos 500 metros y ahora Dios me estaba pidiendo algo imposible, los otros 500 metros. No lo podía creer, Dios me estaba pidiendo que me desprenda de lo único que me hacia tener esperanza; mi terreno. Mi terreno significaba, mis dólares, mis dólares significaba mi carro, mi carro significaba trabajo, mi trabajo significaba mi dinero, y finalmente la iba hacer en la vida. iba a sacar pecho e iba a poder decir, “Soy solvente económicamente” Así pensaba yo, pero Dios tenía sus propios planes.

Ya estaba dispuesto a dejar pasar el momento, no estaba dispuesto a darle todo mi terreno. “Es mi propia voz” pensé, Dios no es el que me está pidiendo, ” El nunca me quisiera dejar sin nada” pensaba, “Es el diablo, que me quiere hacer daño” me repetía a mi mismo. Sentí confusión. Y si es Dios? y no el diablo? me voy a perder la oportunidad de obedecer a Dios por fin una vez en mi vida. El pensamiento de que siempre le había fallado o desobedecido a Dios no me dejaba tranquilo, Sentía que Dios me decía; ” Hoy tienes la oportunidad de demostrarme que me quieres obedecer, y voy a olvidar todas tus desobediencias anteriores, pero obedéceme hoy. fue un momento muy difícil, de confusión, indecisión, vacilación y entrega a la vez, no sabía qué hacer en ese momento; los minutos pasaban, se hacían una eternidad, ya iba a terminar el momento y simplemente todo iba a quedar en nada. Pero no me quería rendir, sentía que tenía que hacerlo si alguna vez Dios me iba a tener en cuenta en sus planes. De pronto sentí que una vez le iba a obedecer, y cerré mis ojos, cerré mi alma, grite por dentro y le dije a Dios: “Todo el terreno es tuyo Dios” “Te lo entrego” “Es tuyo” Y me quebré por dentro, me quebré y comencé a llorar, lloraba desconsoladamente, estaba temblando y sin consuelo, sentía que caía a un precipicio sin fin, mi única esperanza se había ido de mis manos, ahora si, ya no tenía esperanzas, ahora solo dependía de Dios. Lloraba lloraba y lloraba, no sabía si alguien me estaba mirando, no me importaba, era yo y Dios ese momento, fue triste y alegre, fue crucial, ..fue un momento histórico en mi vida, único! por fin sentí que obedecí a Dios. Sabía que la venta ya no se iba a poder dar, sabía que mis sueños de tener un carro se habían hecho humo en un segundo, ahora no sabía que hacer, lo único que sabía era que ya no podía seguir ofreciendo el terreno en venta. Y así paso.

Después de una o dos semanas, me llegaría la última carta cita para venirme a vivir a los Estados Unidos. Por alguna razón, esta última cita se estaba demorando mucho y ya casi todo ese sueño de vivir en los Estados Unidos iba a quedar en una historia frustrada, Yo creo que algo se rompió en el aire esa noche que le entregue todo mi terreno a Dios. La primera semana de febrero del 2001 me llegó la cita par Bonny y yo en la Embajada de los Estados Unidos en Perú. Nos citaron para el 1ro de marzo del 2001. Fue ese día que nos hicimos residentes de los Estados Unidos. Tres meses después viajaríamos entre bombos y platillos a donde seria nuestro nuevo destino, Los Estados Unidos de América. God Bless The USA

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *